Uno de los aspectos fundamentales que todo inversor debería tener en cuenta para elegir un producto financiero es el peaje de Hacienda. La fiscalidad es tan importante, o más, como la potencial rentabilidad que se puede obtener y el riesgo asumido. Ya que no todos los productos financieros tributan igual, te ayudamos a refrescarlo.

Lo habitual es que tributen como rentas del ahorro, que pueden ser ganancias y pérdidas patrimoniales o rendimientos del capital mobiliario. En las rentas del ahorro, el impuesto a pagar siempre dependerá del beneficio que se obtenga. Así, nos encontramos con un impuesto en tres tramos:

19% cuando el beneficio es hasta 6.000 euros

21% cuando el beneficio está entre 6.000,01 y 50.000 euros

23% cuando el beneficio supera los 50.000,01 euros

Ahora bien, dependiendo del producto financiero que sea, el momento del pago de los impuestos será diferente.

Depósito bancario

Tributa como rendimiento del capital mobiliario y el impuesto se paga cada vez que llega el vencimiento (por tanto, depende de si se ha contratado por seis meses, un año, tres años,…).

Cuentas remuneradas

También son rendimientos del capital mobiliario pero sin embargo, tributan cada ejercicio. El inversor paga anualmente por los beneficios obtenidos en la cuenta.

Acciones

Los beneficios o pérdidas obtenidos en la venta de acciones son ganancias o pérdidas patrimoniales y tributan como rentas del ahorro. No hay retención en el momento en el que se produce la ganancia por lo que sólo se paga a Hacienda al realizar la declaración de la renta en el ejercicio en el que se venden.

Ojo, con los dividendos. Cuando son en metálico tributan como rendimientos del capital mobiliario y sí están sujetos a retención (19%) en el momento en el que se cobran. Si se tratada de un dividendo que se cobra en acciones (scrip dividend) no existe retención y tributarán en el momento de la venta con coste de adquisición cero.

La retribución al accionista tributa al completo, ya que desde 2015 no existe la exención anterior a los primeros 1.500 euros cobrados por dividendos.

 Deuda pública o privada: Letras, Bonos y Obligaciones

Los rendimientos obtenidos por los títulos de deuda tributan como rentas del ahorro pero, a diferencia de las acciones, se consideran rendimientos del capital mobiliario tanto las ganancias por los intereses que pagan (cupones) como las generadas por el aumento de su precio. La diferencia es que no se aplica retención sobre las letras y sí sobre los bonos y las obligaciones.

Fondos de Inversión

Son el producto financiero más eficiente en materia de fiscalidad ya que su gran ventaja es que se retrasa el pago de impuestos hasta el momento de su reembolso (venta). El inversor puede realizar traspasos moviendo su capital de un fondo a otro, incluso entre distintas entidades, sin tener que vender y/o comprar, difiriendo así el pago a Hacienda.

En el momento del reembolso, los beneficios o pérdidas producidas por las participaciones en fondos se consideran pérdidas o ganancias patrimoniales. En el momento en que se produce la venta hay una retención a cuenta del 19% que se ajustará durante la declaración con los tramos de la tributación del ahorro.

La mayor parte de fondos son de acumulación, aunque también los hay de distribución, que reparten rentas en función de la rentabilidad lograda. Así, los partícipes tributan por esta vía como los dividendos de las acciones.

Fondos de inversión cotizados (ETF)

Son instrumentos que están a caballo entre una acción y un fondo de inversión. De momento, tienen el mismo tratamiento fiscal que las acciones, a pesar de ser fondos, ya que no admiten la fórmula del traspaso.

Decimos de momento porque es posible que en un tiempo no muy lejano se modifique su funcionamiento y puedan ser traspasables beneficiando al inversor en el momento del pago a Hacienda.

Planes de Pensiones y PIAS

Los planes de pensiones son como fondos de inversión ya que también rigen los traspasos que permiten aplazar el pago del impuesto hasta el momento del rescate del dinero. Su principal atractivo es que el contribuyente puede desgravarse anualmente las aportaciones realizadas a su plan hasta un máximo de 8.000 euros (2.500 euros si es para el cónyuge).

Pero la fiscalidad de los planes de pensiones es muy diferente al resto. Las ganancias patrimoniales no tributan como rentas del ahorro, sino que lo hacen como IRPF. Es decir, con tramos sensiblemente mayores que pueden llegar a alcanzar el 50% marginal en función de la comunidad autónoma.

También hay que tener en cuenta con estos vehículos que las aportaciones realizadas antes del 31 de diciembre de 2006 permiten una bonificación por antigüedad del 40% para el rescate en forma de capital. La otra opción es elegir el cobro con rentas periódicas, lo que permite al ahorrador huir de los tramos más elevados del IRPF.

Los planes individuales de vida y ahorro (PIAS) son seguros en los que se hacen aportaciones periódicas y no se pagan impuestos si el inversor está un plazo de cinco años y recupera el dinero en forma de renta.