La gestión pasiva, que es aquella que persigue imitar el comportamiento de los índices en lugar de intentar superarlos, está ganando cada vez más adeptos.
El boom comenzó en 2008. Desde entonces, la industria de ETF (Exchange Traded Funds) ha crecido a ritmos del 20% anual, mientras que el sector de fondos de inversión ha avanzado a ritmos del 4%.
A este paso, los expertos anticipan que en apenas unos años podría producirse el sorpaso.


¿Qué razones hay detrás del boom de la gestión pasiva? Desde BlackRock señalan las tres siguientes:

  • Nueva estrategia inversora. Algunos estudios indican que las carteras mixtas tradicionales no van a seguir funcionando como lo han hecho en el pasado. Desde 1980, han conseguido una rentabilidad cercana al 10% en términos anualizados, según cálculos del Financial Times. Sin embargo, algunos estudios indican que esa rentabilidad se podría reducir a la mitad en la próxima década.

    En ese contexto, los inversores se están decantando cada vez más por dos tipos de producto. Por un lado, aquellos que generan alfa, es decir, que consiguen batir sistemáticamente al mercado. También los que no tienen ningún índice de referencia (como la categoría de mixtos flexibles), así como los fondos con objetivo de inversión y los fondos de autor.

    Todos estos productos se caracterizan por su capacidad (o al menos vocación) de aportar un auténtico “valor añadido” al cliente.

    Y, en paralelo, los inversores optan por una segunda estrategia: invertir en productos muy baratos que les permitan ganar exposición a las distintas clases de activo (es decir realizar sus apuestas de beta) con comisiones bajas y replicando a los índices de referencia.

    Estas dos tendencias, perfectamente combinables en una cartera, irían en detrimento de aquellos fondos que se quedan a medio camino. Es decir, aquellos que no se limitan a imitar al índice pero tampoco se desmarcan de él de manera definitiva. Aquí entrarían, los fondos con un tracking error (desviación frente al índice) muy ajustado.
  • MiFID 2. La nueva regulación europea en materia de transparencia y protección del inversor ha reducido el número de escenarios en los que está permitido el pago de retrocesiones a los asesores financieros. Así, ha eliminado el pago de estos incentivos en la gestión discrecional de carteras y en el asesoramiento independiente en banca privada, y sólo lo permite en la categoría de asesoramiento no independiente así como en las órdenes de ejecución pura y dura. En consecuencia, el asesor financiero tiene cada vez menos incentivos para incluir en las carteras de sus clientes fondos con elevadas comisiones.
    En cambio, sí le resultan cada vez más atractivos los fondos indexados, con los que puede ganar exposición a las distintas clases de activo con costes muy bajos, lo que redunda en la rentabilidad final de la cartera.
  • Normativa bancaria: Finalmente hay otro factor que ha podido impulsar el auge de la gestión pasiva: la nueva regulación bancaria. Antes de la crisis de 2008, las entidades financieras podían incluir una amplia variedad de activos en sus balances. Pero tras el crack financiero, los requisitos de capital se endurecieron, obligando a los bancos a incluir sólo los activos de mayor calidad. En consecuencia, las entidades se vieron obligadas a reducir posiciones en renta fija y variable, lo que redujo la liquidez. Esto limitó el acceso a ese tipo de títulos, tanto para el cliente particular como para el institucional. En este sentido, los ETF han venido a suplir esa carencia, ya que permiten a los inversores ganar exposición a todas las clases de activo de manera diversificada.