Si tienes ahorros, puede que sea el momento de pensar en tu futuro y poner tu dinero a trabajar. Antes de tomar una decisión de inversión, plantéate cuánto dinero puedes inmovilizar durante los próximos años y cuál es tu capacidad de ahorro. Piensa también qué riesgo estás dispuesto a asumir. ¿Eres capaz de aguantar unas pérdidas del 10% y dormir tranquilo sabiendo que a largo plazo vas a recuperar ese dinero e, incluso, ganar más? ¿O por le contrario si ves caer tu patrimonio optarías por vender?

En este post queremos explicarte cuáles son las cuatro asset classes en que suelen clasificarse las inversiones para que tengas una primera aproximación al mundo de la inversión.

Depósitos

Un depósito a plazo consiste en entregar una cantidad de dinero a un banco durante un tiempo determinado a fin de recibirla de vuelta con una serie de intereses devengados.

La inversión en depósitos es la más conservadora y, al mismo tiempo, entraña un riesgo: la inflación (subida de precios) se come la rentabilidad, que a día de hoy es cero. Si la inflación es superior a la rentabilidad, pierdes poder adquisitivo y, por tanto, tu dinero cada vez vale menos.

Bolsa

La inversión en Bolsa (renta variable) nos permite comprar y vender acciones de empresas que cotizan en distintos mercados bursátiles, participar en la distribución de sus beneficios y contar con derecho a voto en distintas cuestiones relativas a su gestión.

Estas compañías cotizan en mercados regulados y están sometidas a elevadas exigencias normativas, por lo que suelen detallar toda la información relativa a su negocio con gran transparencia.

Sin embargo, invertir en Bolsa directamente no es fácil, a menos que seas un experto y sigas el mercado con detalle. La Bolsa está expuesta a vaivenes derivados de cuestiones de orden macroeconómico, de modo que hasta el valor más sólido puede verse impactado por guerras comerciales o por contextos de desaceleración o recesión globales o localizados en regiones o países específicos.

Por eso es muy importante informarse no solo de la situación de una empresa, sino de su mercado y del curso de la economía en general antes de comprar o vender sus acciones en Bolsa.

Si quieres invertir en Bolsa, puedes optar por un fondo de inversión de renta variable, en el que un profesional gestiona tu dinero e invierte en una cesta de compañías, con lo que diversifica el riesgo.

Bonos

La principal diferencia entre una acción y un bono radica en que la primera te convierte en co-propietario de una empresa y el segundo, en cambio, te hace titular de una parte de la deuda de una compañía o de cualquier otra entidad emisora.

El bono es por lo tanto un instrumento de renta fija porque, en el momento de su adquisición, el comprador tiene la certidumbre de la cantidad que va a recibir de vuelta en base a lo prestado y a los intereses devengados, y, por lo tanto, de cuál va a ser su rentabilidad.

Esa rentabilidad se calcula en función de la probabilidad de que el emisor del bono devuelva el dinero: dos parámetros entre los que se establece una proporcionalidad inversa, de modo que los bonos más seguros son los menos rentables, y, en cambio, aquellos con un mayor riesgo de impago pueden rendirnos grandes beneficios.

En ese sentido, los bonos más seguros acostumbran a ser los emitidos por los estados, seguidos de los de las grandes corporaciones, en que aumenta ligeramente el perfil de riesgo.

Hay que tener en cuenta que la renta fija no es fija. El precio de los bonos varía diariamente por lo que pueden arrojar pérdidas si se venden antes del vencimiento. Lo único que es fijo es el cupón que periódicamente paga a sus titulares.

Inmuebles y otros activos alternativos

Si bien la compra de acciones o bonos y la suscripción de depósitos a plazo cubren un amplísimo espectro de inversiones, la economía real y, concretamente, el sector inmobiliario, es el activo favorito de las familias españolas.

La llamada inversión alternativa cubre todo ese universo de oportunidades y es por definición un cajón desastre en el que cabe desde la apuesta por una empresa tecnológica de Silicon Valley hasta la inversión en una planta de energías renovables.

Uno de los principales reclamos alternativos es el sector inmobiliario, que tuvo un especial protagonismo en la crisis económica de 2007, pero que, aprendidas sus lecciones y en el actual contexto de recuperación, vuelve a despertar el apetito de todo tipo de inversores.

Estas inversiones no están sometidas a la misma volatilidad de orden geopolítico de la Bolsa, pero sí son sensibles a la evolución de la economía real.