Podríamos decir que el debate más de moda en la industria de la gestión de activos es, en estos momentos, el que mantienen los defensores de la gestión activa frente a los de la gestión pasiva. Estas distintas formas de gestionar los fondos de inversión también genera grandes dudas en los inversores que no saben cuál elegir para sacar el mayor rendimiento a su patrimonio. La intención de estas líneas de cultura financiera no es otra que ayudarte a tomar una decisión a la hora de elegir la forma en la que se gestionan tus ahorros.

 Lo justo es empezar diciendo que ambas filosofías de inversión tienen ventajas y desventajas, y quizás ni la una ni la otra son perfectas. Digamos que son estilos de gestión complementarios con un fin común: tratar de batir a los índices de referencia, y para esto da igual si se emplean ETFS, fondos indexados (fondos que imitan la evolución del mercado de forma automática y carecen de gestión) o fondos de gestores que generen alfa (mejor comportamiento de un fondo respecto a su índice de referencia) de forma consistente.

Un ejemplo de esto, es la estrategia que suele seguir el propio Warren Buffett. Aunque su estilo de inversión es la gestión activa – concretamente el value investing – el Oráculo de Omaha sabe apreciar las ventajas de la gestión pasiva.

Pero, ¿qué características definen cada estilo de gestión? Veamos:

La gestión activa implica que uno o más gestores se encarguen de la gestión del fondo eligiendo en qué activos financieros van a invertir y cuándo los van a vender. Intentarán adelantarse a las tendencias del mercado y puede que su estrategia sea elegir acciones de buenas compañías infravaloradas, la conocida como gestión valor. Además, la gestión activa se encarga de vigilar y cuidar los activos en los que invierte tu patrimonio. Si un sistema no funciona bien procederá a cambiar la estrategia. También nos da la oportunidad de invertir en ciertos valores o sectores (energías renovables, deuda pública, materias primas, inmobiliario, etc) siendo selectivos. En la gestión activa entendemos que los gestores pueden ser capaces de obtener rendimientos mayores que el mercado.

Los detractores de este tipo de gestión critican que suele tener unos gastos más elevados, pero como decía anteriormente, el tener un equipo dedicado a estudiar y tomar las mejores decisiones en cada momento,  al que además puedes consultar o preguntar, requiere de una inversión extra en estos modelos.

La gestión pasiva no tiene gestores encargados de seleccionar ni cuidar los activos en los que invierten tu patrimonio sino que se limitan a replicar la composición de un índice, por ejemplo el S&P 500 o el IBEX 35. El objetivo de un fondo de gestión pasiva es reducir los costes del mismo, por un lado manteniendo las acciones o los activos según el índice, sin realizar operaciones de compra venta y reduciendo así los gastos de transacción. También disminuyen los costes de gestión, porque no es necesario dedicar tiempo (ni sueldo) de analistas a decidir si se compra una u otra acción.

La mayor desventaja de los fondos de gestión pasiva es que muy probablemente estemos invertidos en empresas que nos pueden parecer horribles (por su gestión o su negocio), incluso aunque estén bajando de precio y perdiendo dinero. Si se mantienen en el índice, seguiremos siendo propietarios indirectos de ellas.

En general, la idea económica que subyace detrás de los fondos es la hipótesis de que los mercados son eficientes y los precios contienen la información correcta sobre la acción. Si esto fuera cierto, en el cien por cien de los casos la gestión pasiva tendría más sentido que la activa. pero, incluso si el mercado fuera eficiente siempre a largo plazo y admitiéramos que a corto existen diferencias, una buena gestión activa ganaría utilizando las ineficiencias del mercado. Esto es algo a tener en cuenta a la hora de contratar un fondo de inversión. Tanto como saber el momento del ciclo en que nos encontramos, por ejemplo desde 2009 ha tenido todo el sentido estar indexado al S&P500. Pero los mercados no suben eternamente y ese periodo propicio para la gestión pasiva podría llegar a su fin con la retirada de estímulos por parte de los bancos centrales y las próximas subidas de los tipos de interés. Esto me hace pensar que, a partir del año próximo, la gestión debe hacerse de forma activa, siendo muy selectivos por sectores y compañías.

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