Tribuna de Opinión publicada en El Confidencial.

Hay verdades que duelen: la creciente incertidumbre sobre el mantenimiento del sistema público de pensiones es una realidad. Y la tasa de reposición -la diferencia entre la primera pensión y el último salario-, que hoy es aproximadamente el 80% en España, bajará probablemente en los próximos años. Es decir, será necesaria más renta procedente del ahorro para mantener el nivel de vida. Que cada vez vivimos más años otra verdad indiscutible. Así, esta trilogía de verdades pone en evidencia que la planificación financiera del ahorro a largo plazo a edades tempranas debería ser un imperativo.

Sabido esto, conviene buscar un producto de inversión eficiente desde el punto de vista de la planificación financiera y fiscal, como los planes de pensiones. Los productos de acumulación de rentas, como los planes de pensiones, tienen un efecto multiplicador del ahorro, ya que generar rentabilidad sin pagar impuestos. Las cifras son elocuentes: 8.000 euros invertidos a un tipo del 7,70% -rentabilidad media histórica de los planes de renta variable que comercializa MyInvestor, según Inverco- durante 30 años genera un capital de más de 75.000 euros.

Por tanto, la fiscalidad unida a la elección de un vehículo de ahorro óptimo es clave para el mantenimiento del nivel de vida una vez se alcance la jubilación.

La fiscalidad de las aportaciones a planes de pensiones reduce la base imponible del IRPF que se pueden materializar en ahorro adicional. La factura fiscal baja considerablemente cuando se realizan aportaciones a planes. Cuantificándolo, la aportación máxima de 8.000 euros puede generar un ahorro de 3.600 euros si el aportante se encuentra en un marginal del 45%, teniendo en cuenta el límite del 30% de los rendimientos netos del trabajo y/o de actividades económicas. A esto podemos sumar la posibilidad de realizar aportaciones al plan de pensiones del cónyuge no trabajador por hasta 2.500 euros y también los 10.000 euros que se pueden aportar al plan de pensiones de personas con discapacidad, sin aplicación del límite anterior del 30%.

Ahora vamos con algunas mentiras. Para empezar, las altas comisiones. En 2018 se reguló una limitación a las comisiones de gestión, siendo la comisión máxima de depositaría no superior al 0,20% anual, las comisiones de gestión quedan de la siguiente manera: 0,85% si el Plan es de renta fija, 1,30% si es mixto y 1,50% el resto.

Vinculado a lo anterior y desmontando la falsedad de la poca flexibilidad de planes de pensiones, existe la posibilidad de movilizarlos –por supuesto sin peaje fiscal ni, por regla general, comisiones-, lo que nos permite elegir los planes con mejor comportamiento o lo que tengan menores comisiones.

La iliquidez, si bien es cierta, también tiene algún componente de falsedad. Los planes están pensados para el largo plazo por lo que la iliquidez es una peculiaridad intrínseca que bien mirada es una característica indudablemente positiva. Además, en caso de paro o enfermedad se puede disponer del ahorro acumulado y a partir de 2025 habrá ventanas de liquidez para aportaciones con más de 10 años de antigüedad. Es decir, lo que inviertes hoy lo podrás rescatar en 2029.

Otra mentira muy extendida es el castigo fiscal cuando rescatas el plan. Los planes de pensiones están pensados para complementar la pensión pública. Por tanto, una vez alcanzada la edad de jubilación, la suma de las rentas del plan (siempre renta del trabajo) a la pensión generará un incremento de la tributación de las rentas generales, pero por regla general este incremento será inferior a los ahorros que el partícipe haya logrado.

Si se ha estado aportando a un marginal del 45% y ahorrado 3.600 euros anuales, el incremento de la fiscalidad una vez jubilado previsiblemente no llegará a dicha suma. Además, si así fuera, la planificación financiera a largo plazo habrá multiplicado los ahorros fiscales. Recordemos la máxima del valor del dinero en el tiempo o mejor expresado, más vale 3.600 euros en mano (y aplicarle el interés compuesto a largo plazo) que otros tantos volando.

Autor: Ignacio Jiménez, experto de planificación patrimonial de MyInvestor.