La rentabilidad de un fondo de inversión depende en buena medida de la pericia del gestor a la hora de seleccionar los activos que integran la cartera. Pero hay otro factor que también influye en el resultado final: las comisiones.

Por tanto, es importante que sepas cuáles son los tipos de comisiones que puede aplicar y en qué horquilla sería razonable que se movieran. Cuanto más bajas sean, más valdrán tus participaciones. Este factor puede resultar especialmente relevante en fondos que ofrecen rendimientos muy modestos, como los monetarios o los de renta fija a corto plazo.  

Las comisiones han de constar siempre en el folleto del fondo, donde podrás consultarlas siempre que lo desees. Este folleto está disponible tanto en la propia gestora como en la entidad donde lo has comprado, así como en la web de CNMV.


Comisiones implícitas

Las principales comisiones de un fondo son las ligadas a su propia operativa. Se denominan comisiones implícitas, ya que se detraen diariamente del valor liquidativo. Serían las siguientes:

  • Comisión de gestión: Es la que cobra la gestora como remuneración por sus servicios. Debería ir en consonancia con la dificultad que entraña la gestión de ese producto. Así, la comisión de un fondo indexado, que se limita a replicar la composición de un índice, debería ser inferior a la de un fondo de gestión activa, en el que el gestor debe estar pendiente de la evolución de los mercados, analizar el potencial de cada valor y seleccionar aquellos que puedan batir al índice.

Esto mismo ocurre con la renta fija. La comisión de un fondo monetario, que sólo invierte en repos y deuda a muy corto plazo, debería ser reducida, mientras que la gestión de un fondo de bonos global implica mucho más esfuerzo (también aporta más valor añadido) y, por tanto, debería ser mayor.

Ten en cuenta que hay fondos que aparentemente son de gestión activa, pero que en la realidad no se desvían demasiado de lo que hace el índice. En esos casos, lo razonable es que la comisión de gestión no sea elevada.

Los fondos suelen calcular la comisión de gestión en función del patrimonio gestionado. Pero también pueden calcularla atendiendo a los rendimientos obtenidos (en ese caso se denominaría comisión de éxito) o bien combinar ambos métodos de cálculo. En los tres escenarios hay máximos legales.

La comisión de éxito suele estar ligada a los fondos de alto riesgo y tiene sus pros y contras, que encontrarás en este artículo.

  • Comisión de depositaría y custodia: Es la que el fondo debe abonar a la entidad depositaria, que es la encargada de guardar y custodiar los valores en los que invierte. Suele ser muy pequeña (legalmente no puede superar el 0,2% del patrimonio).

Una forma de saber si la comisión que cobra un fondo es desproporcionada es analizar lo que cobran otros productos de la misma categoría. Como botón de muestra, os dejamos las comisiones medias que cobran los fondos españoles, según el diario Expansión:

Además de estas comisiones, ten en cuenta que existen otros gastos que también tienen repercusión en la rentabilidad final. Un dato relevante es la ratio de gastos totales o TER, que se expresa como un porcentaje sobre el patrimonio del fondo. La ratio de gastos totales incluye las comisiones de gestión y depositaría más los servicios exteriores y otros gastos de explotación.


Otras comisiones

Por otro lado, existen comisiones que no son implícitas (no se restan automáticamente del valor liquidativo del fondo), sino que son explícitas, es decir, se cargan directamente al partícipe:

  • Comisión de conversión: Es la que se aplica en caso de cambio entre clases de participaciones.
  • Comisión de suscripción/reembolso:  Es la que cobra el fondo por comprar o vender participaciones. Se aplica sobre el importe suscrito/reembolsado por el partícipe y puede ser a favor de la gestora o del propio fondo (en este caso se denomina descuento a favor del fondo).  

Habitualmente ambas son del 0%, pero algunos fondos buscan penalizar la entrada o salida de los partícipes por diversas razones (ligadas a la estrategia de inversión del propio fondo) y pueden elevar estas comisiones hasta el 5%. Por ejemplo, un fondo que invierta en bonos con el propósito de quedárselos hasta el vencimiento e ir cobrando los intereses (estrategia buy & hold) penalizará las salidas en un determinado periodo de tiempo (el del vencimiento de los bonos), ya que le obligarían a vender los títulos a destiempo. Lo mismo ocurre con otras categorías, como los fondos garantizados o los fondos de filosofía value.

Por otro lado, hay fondos que incluyen en el folleto una comisión de suscripción… pero en la inmensa mayoría de los casos, no la cobran ¿A qué se debe esto? Los fondos recogen la comisión en el folleto por si acaso en el futuro necesitasen cobrarla. Algo que podría suceder, por ejemplo, si el patrimonio del fondo alcanzase un determinado volumen y el gestor necesitase limitar las entradas (un volumen demasiado elevado puede resultar muy complejo de gestionar). Para salir de dudas, lo recomendable es contactar con la gestora para saber si la comisión de suscripción es de aplicación en el momento actual.

Finalmente, recuerda que un fondo de inversión puede aplicar distintas comisiones en función de las diversas clases de participaciones que emita. Las clases con comisiones más baratas suelen estar al alcance de aquellos partícipes que están dispuestos a invertir más dinero, aunque también puede depender de otros criterios, como las políticas de comercialización y la divisa de denominación.