Hay un dicho en Wall Street que reza que los mercados suben por una escalera mecánica y bajan por un ascensor. La historia nos ha demostrado la veracidad de esta afirmación y también que, tarde o temprano, los mercados se recuperan.

Pese a que la incertidumbre actual genera que los inversores repiensen sus estrategias, podemos atenernos a la serie histórica para confiar en la recuperación. Aunque no hay certezas, observar la evolución de crisis anteriores nos puede ayudar a vislumbrar qué escenarios podremos contemplar.

En este cuadro puedes observar las rentabilidades logradas en los plazos indicados invirtiendo en los momentos en los que el mercado ha sufrido caídas superiores a 20%, 30%, 40% y 50%. El bajo porcentaje de recuperación a cinco años en el caso de caídas del STOXX 600 superiores al 20%, frente las recuperaciones a tres años para la misma caída, se debe a que las fuertes recuperaciones que se han producido desde el año 2016 todavía no se han podido contabilizar en un periodo de cinco años.


Lecciones de la Bolsa europea

En el caso del índice europeo STOXX 600, que integra a las 600 mayores compañías de la región, no podemos obviar que hemos asistido a la mayor caída desde el año 2008. En el pasado mes de marzo rozamos un descenso del 31% y la velocidad de las ventas fue superior a la de otros acontecimientos importantes como el derrumbe de Lehman Brothers o el referéndum del Brexit. Ello nos ha situado en valores que no se veían en el índice desde 2013.

En concreto, ante el derrumbe de 2008 el STOXX 600 sufrió un descenso en picado de los 327 a los 172 puntos en medio año, la recuperación del desplome no se produjo hasta cuatro años después, en febrero de 2013, lo que prueba la frase que inicia este post.


La historia de Wall Street

Al otro lado del Atlántico, el índice S&P500, que integra las 500 mayores empresas de EEUU, no había registrado movimientos como los que ha producido el Covid-19 desde 1929, durante el apogeo de la Gran Depresión. Menos lejano y más representativo es el fenómeno de la caída del puntocom, una crisis provocada por el inicio de Internet y la tecnología a finales del siglo XX e inicio del XXI. 

Esta revolución que engendró el mundo y las conexiones tal y como ahora las conocemos provocó que las acciones de las empresas tecnológicas que cotizaban en las diferentes bolsas de mercados vieran cómo rápidamente su valor se elevaba significativamente y, con la misma intensidad, provocaron el desplome del índice. Desde abril del 2001 y hasta el mismo mes de 2003, el S&P500 cayó un 49% para luego recuperar su valor máximo a mediados de 2007.

Los casos de los que hemos hablado son ejemplos aislados, pero representativos, que nos ha dejado la historia de la economía. Podemos observar cómo existe una relación directamente proporcional entre la duración del desplome y su consecuente recuperación: cuanto más rápido entra un índice en un mercado bajista, más corta tiende a ser su duración y más rápida su recuperación, aunque siempre mayores al periodo de recesión. 

Debemos esperar, por tanto, a que los diferentes mercados logren retener la caída para hacer una estimación más exacta del tiempo que conllevará la recuperación de los niveles pre-coronavirus. Aun así, no podemos perder de vista que la actual situación es un Cisne Negro, una crisis provocada por eventos difícilmente predecibles que tienen un impacto masivo en la sociedad.