Cada uno cuenta la feria según le fue en ella. Algunos inversores han tenido experiencias muy negativas con un fondo de inversión que le han llevado a desconfiar de este producto para siempre. Sin embargo, merece la pena replantearse esa decisión. Los fondos de inversión son uno de los instrumentos más eficientes que existen para invertir tu dinero.

Por tanto, merece la pena que analices qué fue mal en el pasado y por qué deberías darles otra oportunidad:

1) Perdiste más dinero del que esperabas. Es importante que tengas en cuenta una cosa: los fondos de inversión no son instrumentos de alto riesgo en sí mismos. Ni de bajo riesgo. En realidad, un fondo es un mero vehículo de inversión, es decir, una especie de recipiente que se puede llenar con todo tipo de activos. Por tanto, su nivel de riesgo no está ligado al producto en sí, sino a los activos que lo integran. Y como recipiente para nuestra inversión, es uno de los mejores que existen. Ofrece la ventaja fiscal del traspaso (puedes sacar tu dinero de un fondo y meterlo en otro, sin tener que pagar impuestos por el camino), suelen ofrecer liquidez diaria y los activos están segregados de la gestora, por lo que pertenecen al 100% a los partícipes (es decir, siguen siendo tuyos, aunque la gestora quiebre).

En cuanto a los activos que integran el fondo, dependen de la categoría a la que pertenezca y de la política de inversión. Por tanto, es posible que si tu fondo perdió más de lo que estabas dispuesto a asumir es porque el producto que seleccionaste no era el más apropiado para tu nivel de tolerancia al riesgo. Quizá tenía demasiada exposición a la bolsa o invertía en mercados demasiado volátiles. Prueba a escoger un producto con un riesgo más moderado y si no sabes por dónde empezar, siempre puedes recurrir a los fondos perfilados , que son productos diseñados para perfiles de riesgo específicos.

2) Tu fondo lo hizo peor que el mercado. Otra posibilidad es que invirtieras en un producto siendo plenamente consciente de los riesgos que implicaba esa clase de activo, pero que te desinflaras al ver que lo hacía peor que el mercado. En este sentido, hay que reconocer que batir al índice no es fácil. Como botón de muestra, sólo un 10% de los fondos de bolsa española lograron subir más que el Ibex con Dividendos en 2019. Esto no quiere decir que haya que renunciar a invertir en fondos de gestión activa, sino que debes ser más cuidadoso a la hora de realizar la selección. Fíjate en diferentes elementos, desde cómo lo han hecho esos mismos fondos en el pasado (en diferentes plazos), hasta la metodología que siguen para invertir, la experiencia que tiene el gestor y la calificación que le adjudican las agencias de rating, como Morningstar y Lipper, entre otras. Intentar acertar puede merecer la pena, ya que hay fondos que no sólo superan al índice en 10 años, sino que duplican e incluso triplican su rentabilidad.

Por otro lado, recuerda que los fondos son instrumentos de inversión a largo plazo y que, al igual que los entrenadores de fútbol,  debes dejarles actuar más allá de la primera temporada antes de evaluar su performance. Un error muy común es entrar en uno de los fondos estrella del mercado “mirando el retrovisor”, es decir, guiándote por el buen comportamiento que ha tenido en el pasado reciente (con lo cual no te has beneficiado de ese buen resultado), y salir en cuanto el fondo comienza a hacerlo mal. De ese modo, estarías invirtiendo a contrapié, perdiéndote todo el potencial que puede ofrecer el fondo. Por tanto, lo aconsejable es que selecciones un producto en cuya estrategia y estilo de gestión confíes y que le des la oportunidad de demostrarlo en el largo plazo.

Pero si aún así no te sientes capacitado para encontrar una de esas joyas, tampoco hay problema: puedes invertir en fondos indexados que se dedican a replicar el comportamiento del índice de la manera más fiel posible, sin aspirar a batir al índice, pero sin correr el riesgo de hacerlo peor.

3) Las comisiones eran desmedidas o te penalizaron por reembolsar antes de tiempo. Si escogiste la categoría de fondos adecuada, y el problema no estuvo en la evolución del producto (que siempre hay que medir en comparación con su índice de referencia), es posible que el mal trago estuviera relacionado con las comisiones que aplicaba el propio fondo, y de las que es posible que no fueras demasiado consciente, o por su política de reembolso. En este sentido, es recomendable que siempre que vayas a invertir en un fondo leas el folleto o al menos su versión simplificada, el DFI (siglas de Datos Fundamentales para el Inversor). Allí vendrán especificadas las comisiones que cobra, tanto por la gestión como por la depositaría. También la comisión de éxito y las de suscripción y reembolso. En función de la categoría, la valoración de las comisiones es vital. Por ejemplo, en un fondo monetario, en el que tanto la rentabilidad como el riesgo son mínimos, una comisión por encima de la media puede dar al traste con el escaso rendimiento conseguido por el fondo (máxime en un entorno de tipos bajos). De este modo, un monetario lastrado por unas comisiones muy altas puede incluso llegar a arrojar retornos negativos. Por otro lado, los fondos garantizados también pueden provocar un chasco si no tienes en cuenta que la garantía sobre el capital sólo opera para los partícipes que no toquen su dinero en un plazo determinado. En definitiva, no te olvides de leer la letra pequeña y compara las comisiones del fondo con las que cobra el resto de productos de la categoría.