Ahorrar es importante, pero también lo es la forma que elijas para hacerlo. No es lo mismo invertir en un momento del mercado que en otro. Y tampoco da el mismo resultado dedicar distintos importes de forma esporádica que hacerlo de forma regular y con un importe fijo.

Una de las mejores maneras de conseguir tu objetivo de inversión es decantarte por el sistema de aportaciones periódicas. Consiste en invertir una cuantía determinada de forma periódica (habitualmente mensual). El destino de esa inversión puede ser un fondo de gestión pasiva o activa, un fondo de fondos, un seguro, una cuenta remunerada, una cartera de fondos, una cesta de valores… lo importante es que ahorres de forme regular y sistemática para la consecución de un objetivo a largo plazo.

¿Qué ventajas ofrece esta fórmula de ahorro?

  • Rentabilidad. Hacer crecer tus ahorros tacita a tacita puede ser más rentable de lo que piensas. Y es que es más eficiente empezar a invertir cuanto antes, aunque sea poco a poco y con contribuciones modestas, que esperar a acumular una cantidad y después invertirla de golpe.  En el primer caso, interviene la magia del interés compuesto. En palabras sencillas, significa que si pones a trabajar tu dinero desde el principio (aunque sea en cuantías pequeñas), le sacarás mucho más jugo, ya que la rentabilidad se irá acumulando e irá generando a su vez más rentabilidad.
  • Menor riesgo: Invertir de forma sistemática contribuye a reducir el riesgo de la inversión ya que evita tomar unas de las decisiones más complejas a las que se enfrenta todo inversor: elegir cuál es el mejor momento para entrar en el mercado. Si, por ejemplo, quisiéramos invertir en bolsa, nuestra rentabilidad dependería en buena medida del momento que escogiéramos (lo que los expertos definen como el timing). No es lo mismo invertir cuando el mercado está en mínimos, al borde del rebote, que cuando está a punto de sufrir una caída. Pero si invertimos de forma periódica, entraríamos en el mercado de forma recurrente fuera cual fuera el momento que atravesase. A veces compraríamos barato y a veces caro. Pero al menos no nos lo jugaríamos todo a una sola carta. De ese modo, el riesgo de perder una gran parte del capital por escoger un mal momento de entrada, se diluiría.
  • Menor esfuerzo. Aunque a priori cueste comprometerse, en realidad el esfuerzo que hay que realizar es menor. No todo el mundo tiene 8.000 euros en el bolsillo para realizar la aportación anual al plan de pensiones (el importe máximo). Pero el listón no es tan alto si lo dividimos entre 12 y lo convertimos en una aportación cercana a los 600 euros al mes.
  • Comodidad: Sólo tienes que valorar cuál es la cuantía mensual que crees que puedes comprometerte a ahorrar y, una vez determinada esa cifra, ordenar una transferencia periódica desde tu cuenta corriente al producto de inversión (o conjunto de productos) que hayas elegido. De este modo, ya no tendrás que pensar más en ello. La orden se ejecutará de forma automática y poco a poco te acercarás cada vez más a tu objetivo de ahorro sin siquiera darte cuenta.
  • Compromiso: Como las aportaciones se producen de forma sistemática, evitarás la tentación de caer en pensamientos como «este mes prefiero no ahorrar, lo dejo para el siguiente» o «es que estoy a fin de mes y ya he gastado más de la cuenta».  En ese sentido, invertir de forma periódica ayuda a tener la disciplina necesaria para conseguir el objetivo de ahorro a largo plazo. Y no hay que olvidar que las aportaciones no son obligatorias. Si en una ocasión nos vemos realmente apurados, siempre es posible suspenderlas o modificarlas para reducir su importe.