Aprender a ahorrar es clave para poder planificar gastos futuros, desde la compra de un coche o una vivienda, a complementar la renta de cara a la jubilación. Y las ventajas del ahorro también se extienden a los niños. Te contamos varias razones por las que fomentar el hábito del ahorro puede beneficiar a los más pequeños de la casa… y ayudarte a ti a alcanzar las metas financieras relacionadas con tus hijos.

  1. Enseñar el valor de las cosas. Una de las mejores maneras de mostrar a un niño el valor de las cosas es enseñarle a ahorrar para conseguirlas. De ese modo, asumirá con más facilidad que no puede ver cumplidos todos sus deseos en el acto. Y cuando realmente quiera algo, sabrá que conseguirlo implica paciencia y sacrificio. Ahorrar, en su definición más genérica, supone renunciar al consumo en el tiempo presente para financiar el consumo en el futuro. Por tanto, fomentar el hábito de ahorro en un niño le puede ayudar a priorizar sus metas y a esforzarse para conseguirlas. Por ejemplo, renunciar al consumo de golosinas hoy le puede permitir comprar el juguete o el viaje que desea el día de mañana.
  2. Invertir es más que ahorrar. Durante generaciones, los padres enseñaban a sus hijos las virtudes del ahorro regalándoles una hucha o un cerdito. De ese modo, los niños aprendían a postergar el consumo (que no es poco), pero no se les transmitía la importancia de la inversión, es decir, la necesidad de poner ese dinero a trabajar. Invertir es imprescindible si no queremos que la inflación devore poco a poco nuestros ahorros. También es esencial si queremos cumplir algunas de nuestras metas financieras en el largo plazo.
  3. Primeros conceptos de economía. Pensamos que la economía es un campo muy complejo que los niños no están capacitados para entender. Pero en realidad todo es cuestión de adaptar esas ideas a la edad y las capacidades de aprendizaje de un niño. A partir de los 6 años, se les puede inculcar ideas como la de ahorro, inversión o rentabilidad. Y a medida que van creciendo es recomendable enseñarles conceptos más concretos, como qué es un banco (o un neobanco), cómo funciona una cuenta corriente o qué es el interés compuesto.
  1. Aportaciones periódicas. Ahorrar en un producto en concreto con visos a alcanzar una meta financiera puede ayudar a la hora de comprometerte con esa meta. Por ejemplo, si te abres una cuenta corriente específica o una cartera de fondos, con el objetivo de ahorrar para pagarte un master o financiar la compra de tu futura casa, es más probable que te obligues a ti mismo a cumplir esa meta. Máxime si, además, programas aportaciones periódicas. Lo mismo sucede con las cuentas de menores. Con ellas tus hijos pueden aprender a ahorrar y, al mismo tiempo, tú también puedes aprovechar la oportunidad para adquirir el compromiso de ahorrar por ellos. Eso sí: siempre tacita a tacita y con pequeñas cuantías. Lo contrario podría considerarse una donación encubierta.
    Esto facilitará que puedas alcanzar algunas metas de ahorro en el largo plazo, como financiar su educación en el extranjero o la futura matrícula de la universidad. Y al estar la cuenta (o el producto financiero que sea) a su nombre, sentirás menos tentación de tocarlo para cubrir eventuales necesidades de liquidez que se presenten en el día a día.
  1. La ventaja del largo plazo. Invertir a largo plazo tiene un sinfín de ventajas, ya que nos permite optar en mayor medida por activos como la bolsa, que en el largo plazo demuestran ser óptimos en términos de rentabilidad/riesgo. Para ello, es clave dedicar un capital del que podamos prescindir y asumir el compromiso de no tocarlo hasta que hayamos alcanzado nuestro objetivo de inversión. En este sentido, el ahorro infantil es una fórmula ideal, ya que si nos comprometemos a aportar pequeñas cuantías en la cuenta (o el producto financiero) de un menor, empezando incluso desde que nace, el efecto bola de nieve facilitará que alcance un importe nada desdeñable cuando alcance la mayoría de edad.
    Esas pequeñas cuantías pueden proceder tanto de los padres como de los eventuales regalos de familiares y amigos. Y en cuanto el niño tenga la edad suficiente, lo ideal es que él mismo participe en su meta de ahorro a largo plazo.