Andy Acker, gestor del fondo Global Life Sciences de Janus Henderson, analiza cómo los avances sanitarios se han situado en el foco durante la pandemia del coronavirus y lo que esto podría suponer para el sector a largo plazo.

Tres claves:

• El sector sanitario se ha comportado mejor que el mercado de renta variable general durante la crisis del coronavirus.

• Los inversores están recompensando a las compañías que utilizan la tecnología o la investigación avanzada para acabar con el Covid-19.

• La rapidez y magnitud global de los esfuerzos para encontrar un tratamiento o vacuna para el nuevo coronavirus no tienen precedentes.

Un sector defensivo

La ola de ventas de las bolsas por el brote de coronavirus Covid-19 ha sido espectacular por su rapidez y gravedad, y ha perjudicado a todos los sectores. Pero, al igual que en crisis anteriores, el sector salud está mostrando cierta capacidad de resistencia. Por ejemplo, en EEUU, el índice S&P 500 bajó un 34% el 23 de marzo desde su pico de febrero, mientras que el sector S&P 500 Health Care disminuyó solo un 28%.1

Según la creencia generalizada, los valores del sector salud tienden a comportarse de forma más defensiva durante una contracción económica, pues las personas siguen solicitando y/o necesitando atención médica. Esta vez no son las continuas visitas a clínicas o consultas médicas lo que está sosteniendo a las empresas del sector salud. Al contrario, el «distanciamiento social» y los preparativos para un aumento de pacientes de coronavirus han dejado de lado muchas de esas actividades rutinarias.

En su lugar, los inversores están recompensando a las empresas que utilizan la innovación para desarrollar activamente vacunas o tratamientos para el Covid-19, mientras que las que se dedican a facilitar la atención médica a distancia también se están viendo beneficiadas. El enfoque de los inversores en estas tendencias se ha acelerado debido a la crisis, pero creemos que podría durar mucho tiempo después de que la pandemia termine.

Tecnologías para reconvertir antiguos medicamentos

La carrera para desarrollar tratamientos para el SARS-CoV-2, el virus que provoca el Covid-19, ha sido extraordinaria, tanto por su rapidez como su escala global. Hasta el momento, decenas de empresas, grupos científicos e instituciones de EE. UU., Europa, China y Japón han anunciado esfuerzos para acabar con el nuevo coronavirus.

Un enfoque consiste en descubrir si los medicamentos existentes podrían ser eficaces contra el Covid-19. Un candidato que ha acaparado gran atención es la hidroxicloroquina (HCQ), compuesto genérico utilizado desde la década de 1940 contra la malaria.  En un pequeño ensayo clínico llevado a cabo en Francia, la HCQ redujo significativamente la duración de la enfermedad en pacientes con coronavirus que recibieron el medicamento. China y Corea del Sur también han incluido la HCQ en sus directrices para el tratamiento del Covid-19. Ya hay ensayos clínicos en marcha para ver si el medicamento puede ofrecer resultados positivos de forma constante y segura. Si los datos se confirman, la HCQ podría tener un enorme impacto, al ayudar a reducir la tasa de mortalidad en pacientes con casos graves, eliminando el virus más rápidamente (y reduciendo su propagación) y poder funcionar como agente preventivo para las poblaciones de alto riesgo, como médicos en primera línea.

También se están realizando ensayos clínicos con ciertos medicamentos antivirales. Uno de ellos, Remdesivir, fue desarrollado originalmente por la compañía biotecnológica estadounidense Gilead Sciences para tratar el ébola. De momento, algunos casos de uso compasivo han tenido resultados prometedores y para abril se esperan noticias de análisis clínicos más amplios. Favipiravir, medicamento contra la gripe desarrollado por FUJIFILM Toyama Chemical en Japón, mostró una mejora en la eliminación del virus durante análisis clínicos, aunque los resultados resultaban más significativos si el medicamento se administraba justo al comienzo de los síntomas (los datos de ensayos con terapias existentes contra VIH, que no mostraron una mejora significativa en pacientes con coronavirus muy graves, sugieren también que el momento podría ser fundamental).

El desarrollo de las vacunas se acelera

Entretanto, la carrera por encontrar una vacuna avanza a ritmo vertiginoso. En febrero, la compañía biotecnológica estadounidense Moderna anunció que había enviado a pruebas una posible vacuna: mRNA-1273. El compuesto se desarrolló en tiempo récord, seis semanas, utilizando la plataforma tecnológica del ácido ribonucleico mensajero (mRNA) de la compañía, que ordena al mRNA de una célula producir proteínas para combatir enfermedades. La compañía alemana BioNTech también está siguiendo una estrategia similar con mRNA en colaboración con Pfizer. Mientras tanto, varias otras biofarmacéuticas están avanzando rápidamente en la investigación de una vacuna y/o iniciando ensayos clínicos.

Conviene recordar que si un medicamento o una vacuna reciben la autorización del regulador, el impacto en el balance final de una compañía dependerá de varios factores, incluida la persistencia de Covid-19.

¿Desaparecerá el virus igual que hizo el SARS o volverá a aparecer cada año como la gripe? El virus de la gripe tiene dos proteínas principales en su superficie celular que tienden a reordenarse cada año, por lo que a nuestro sistema inmunológico le cuesta reconocerlas plenamente, provocando brotes anuales. En cambio, el coronavirus tiene una proteína superficial principal y, de momento, no ha mutado de forma significativa. Por ello, creemos que es más probable que el coronavirus se produzca solo una vez.

Por ello, tenemos nuestras dudas sobre la rápida subida que han experimentado últimamente algunos valores biotecnológicos por la noticia de que están buscando una vacuna. Sin embargo, a largo plazo la crisis de Covid-19 podría llamar la atención sobre las plataformas de fármacos innovadores, lo que, en nuestra opinión, podría aumentar el interés de los inversores por estos ámbitos.

La telemedicina sobresale

Entretanto, los servicios de telemedicina han despegado. Tanto el gobierno como las aseguradoras están alentando el uso de la tecnología como medio eficiente y seguro para tratar la gripe y las posibles infecciones de Covid-19, aliviando la carga del sistema sanitario. Para ello, la administración Trump anunció recientemente que Medicare cubriría el coste de los servicios de telemedicina mientras dure la declaración de emergencia nacional de Covid-19. De modo similar, las aseguradoras sanitarias ofrecen copagos de cero dólares para consultas de medicina a distancia, de modo que los beneficiarios no tienen que pagar ninguno de los costes iniciales del tratamiento. Estas medidas probablemente contribuirán a aumentar el número de usuarios de la telemedicina y podrían cambiar la forma en que los consumidores y las aseguradoras abordan la telesalud a largo plazo.

Los obstáculos continúan

Por muy prometedores que sean estos avances, es importante no perder la perspectiva. Aunque la investigación avanza rápidamente, las pruebas clínicas en humanos no pueden precipitarse. Una vacuna ha de probarse en miles de pacientes para demostrar que puede ser segura y eficaz para millones de pacientes. Por tanto, es probable que no tengamos una vacuna para la población general durante al menos 12 o 18 meses.

Entretanto, el número de casos confirmados de Covid-19 está aumentando rápidamente, con un estricto «distanciamiento social» y pruebas agresivas como mejores soluciones a corto plazo para frenar la propagación de la infección. EE. UU. ha realizado casi 290.000 pruebas de diagnóstico, pero creemos que siguen siendo insuficientes.2 

Bajo nuestro punto de vista, hay que hacer pruebas a la población general a efectos de control (no solo a los pacientes que presenten más síntomas) y se precisan tiempos de respuesta más rápidos (la mayoría de los pacientes expuestos siguen esperando días hasta recibir los resultados). Hace poco se ha aprobado una prueba de respuesta rápida desarrollada por Cepheid, propiedad de Danaher, que puede ofrecer un diagnóstico en el punto de atención en 45 minutos, lo que debería facilitar las cosas.

Por su parte, el distanciamiento social está teniendo importantes consecuencias económicas y en los próximos meses esperamos una fuerte contracción económica. Aunque aguanten en cierto modo, las empresas del sector salud no se salvarán del todo. Por ejemplo, cada vez se están cancelando más procedimientos electivos, lo que lastrará los resultados de los hospitales y las compañías de tecnología médica.

Para las compañías biofarmacéuticas, el lanzamiento de nuevos medicamentos se interrumpirá, pues los representantes de ventas no pueden tener contacto directo con los médicos.  Por último, las medidas para reducir la propagación del virus podrían tener un impacto a corto plazo en el registro de ensayos clínicos y retrasar algunas aprobaciones de medicamentos.

Dicho de otro modo, creemos que los inversores deben contar con que la volatilidad se mantendrá en los próximos meses. Sin embargo, pensamos que la rápida caída de los precios de las acciones ha generado algunas oportunidades interesantes. A largo plazo, creemos que la innovación sin precedentes del sector que aborda las necesidades médicas no atendidas generará un crecimiento atractivo, aspecto que consideramos se ve impulsado por la carrera mundial por encontrar una cura para el coronavirus.

1 Fuente: Refinitiv Datastream / Fathom, consultado, el 8 abril de 2020. Datos del 19 febrero al 23 marzo 2020.
2 Fuente: The COVID Tracking Project, a 24 de marzo de 2020.

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